martes, 30 de marzo de 2010

QUE LA MUERTE, ESPERE…

Al momento de escribir este artículo me encuentro en la Habitación 45 de un centro médico de la ciudad de Maracaibo. En el día de ayer (sábado 27) me encontraba compartiendo con mis alumnos de postgrado, mi habitual jornada de todos los sábados, cuando recibí una llamada de mi hermana que me informaba que nuestra madre estaba siendo trasladada al centro médico en una ambulancia por presentar un estado de salud delicado. Mi primer asombro es que en la noche del viernes (día anterior), había compartido con mi mamá Gladys una rica cena y una de nuestras novelas favoritas “Las muñecas de la mafia”, al llegar al centro médico, me encontré múltiples situaciones: niños, jóvenes, adultos, ancianos, en los cubículos de la emergencia; familiares haciendo llamadas, donde buscaban algún amigo con una tarjeta de crédito; otros que el seguro no daba la clave; y unos cuantos de ellos que la cobertura no era suficiente; algunos más pidiendo dinero prestado, mientras otros se quejaban por el elevado costo de los servicios; y del otro lado unas enfermeras, camilleros, médicos , corriendo de un lado a otro.

En el caso de mi madre todos los diagnósticos eran negativos, nos decían que podría ser un infarto, un Accidente Cerebro Vascular (ACV), un problema pulmonar, paro digestivo. En ese momento me sentí tan impotente y reflexioné sobre lo complejo de la vida y su evolución, nacemos, crecemos y morimos. Sobre la muerte existen diferentes creencias religiosas: la vida después de la muerte, el encuentro con nuestros seres desaparecidos, cada muerte es voluntad de Dios, el día de nuestra muerte está escrito, el que muere es el ángel que Dios necesitaba. Mueren neonatos en el vientre de su madre, mueren recién nacidos, mueren niños, mueren adolescentes, mueren jóvenes, mueren adultos y mueren ancianos, mueren en diferentes formas y circunstancias y cada muerte se convierte en una historia y cada quien piensa en la manera que hubiesen actuado para evitarla.

Al ver a mi madre con múltiples aparatos médicos tales como tensiómetro, electrocardiograma, tomógrafo, mascarilla de oxigeno, rayos x, vías tomadas para el suero e inyecciones; y al recordar que apenas hacia 15 horas habíamos compartido alegrías juntos, entendí que somos vulnerables ante la muerte por enfermedades, situaciones, inseguridad, imprudencia, abusos, accidentes y sorpresas. Lo primero que hice como buen creyente de Dios, fue pedirle mucho y que si le daba más vida a mi amada mamá era por su decisión y que seguro nos seguiría haciendo feliz; y si no le daba más vida el sabría el por qué, pero nos dejaría un gran vacío y en lo único que me podría sentir culpable era por despreciar los momentos libres que tenia y de repente los invertí en cosas pocas productivas cuando los pude compartir con mi madre. Cerré los ojos oré muchísimo, y de repente todo empezó a salir bien, mi mamá despertó, nos empezó a reconocer a todos, empezaron a llegar conocidos, amigos, familiares, a quienes (en su mayoría) tenía mucho tiempo sin ver. En cuanto a mi tan querida madre, sus valores empezaron a nivelarse y el resultado de los exámenes nos decían que no era infarto, tampoco un ACV, ni un problema pulmonar, simplemente el potasio y el sodio se le habían bajado debido a un medicamento mal administrado con anterioridad.

Ocurrió el milagro, ¡es posible!, lo que si sé con gran certeza es que mi oración sirvió y aunque en estos momentos me encuentro altamente decepcionado de algunos miembros de la Iglesia zuliana, logré entender que la mayor fuerza está en la relación que tengamos cada uno de nosotros con Dios. Como reflexión final en estos días cercanos a la Semana Santa, acerquémonos cada día más a Dios, digámosle a nuestro seres queridos que los amamos y queremos, recuperemos a los familiares y amigos perdidos, y disfrutemos la vida a plenitud, luchemos por lo que creemos sin importar el tiempo que nos lleve. Quiero agradecer públicamente al personal médico, paramédico, enfermeras, camilleros, bioanalistas, personal administrativo y obrero de las empresas de salud, “Ame Zulia” y la “Policlínica Amado”, a ellos y a Dios les debo, por este momento, QUE LA MUERTE ESPERE…

Jesús Castillo Molleda (Profesor Universitario, Politólogo, Locutor)

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